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domingo, 26 de marzo de 2023

Gaby y José Valle estrenan "La vida es un tango"

Este viernes 31, a las 21.30, inicia el ciclo de charlas temáticas con música en vivo "La vida es un tango" ofrecida por José Valle junto a la cancionista Gaby "La voz sensual del tango" en el Café Histórico de Bahía Blanca (Colón 602), en el marco del Ciclo Cultural Bahía Blanca No Olvida.
La primera entrega versará sobre Enrique Santos Discépolo bajo el título "Justo el 31". La entrada es libre y gratuita, pudiendo realizar reservas al 291 6491449.
Anécdotas, historias de vida y confesiones del genial Discepolín se intercalarán con algunas de las obras que legó al cancionero popular: Malevaje (1929), Cafetín de Buenos Aires (1948), Cambalache (1934), Canción desesperada (1945), Chorra (1928), Qué vachaché (1926), Secreto (1932), Sin palabras (1946), El choclo (1947), Sueño de juventud (1931), Tormenta (1939), Tres esperanzas (1933), Esta noche me emborracho (1928), Uno (1943), Infamia (1941) o Yira yira (1930).
Enrique Santos Discépolo nació el 27 de marzo de 1901 en el barrio de Balvanera, Ciudad de Buenos Aires. Su hermano Armando fue quien, luego de la muerte de sus padres, lo introdujo al mundo artístico.
En lo que respecta al cine, actuó en la película Mateo, de Daniel Tinayre, y Melodías Porteñas, para la cual, además, compuso dos temas: uno con el mismo nombre del largometraje y Condena. Como director estrenó su primera película titulada Cuatro Corazones, por la que no obtuvo buenas críticas.
Hacia 1940 dirigió otras dos películas. Caprichosa y millonaria, protagonizada por Paulina Sigerman, siendo además guionista, y Un señor Mucamo, donde trabajaron Tito Lusiardo, Osvaldo Miranda, Eduardo Rudy y Armando Bo. Más tarde, se estrenó Fantasma de Buenos Aires, también bajo su dirección, y una de las películas de Nini Marshal: Cándida, la mujer del año, donde también escribió el guión.
La última película de Discepolín como actor y guionista fue El Hincha, que se estrenó en 1951.
Discépolo falleció el 23 de diciembre de ese mismo año, en su casa de Avenida Callao 765, de Balvanera.

martes, 14 de abril de 2020

Discepolín por Gabriela Biondo*

El 27 de marzo de 1901, casi estrenando el siglo, nacía en Buenos Aires el inigualable Enrique Santos Discépolo. Y digo inigualable porque hay plumas más románticas, más elegantes, más lunfardas y con mayores recursos poéticos, pero ninguna con una lectura tan cruda y tan simple de la realidad. Sus tangos los manya cualquiera, no sólo por lo populares sino por lo comprensibles.
Discépolo buscó situarse más cerca del fracaso que de los éxitos; interpretando la angustia moderna, encontrando la voz de los otros: “Grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino porque de esta manera estoy más cerca de ellos. Y traduzco ese silencio de angustia que adivino. Usé un lenguaje poco académico, porque los pueblos son anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan, ríen y lloran sin moldes. Y una canción popular debe ser siempre el problema de uno padecido por muchos.”
Discépolo compuso letra y música de gran parte de su obra: “Escribo tangos porque me atrae su ritmo. Lo siento con la intensidad de muy pocas otras cosas. Su síntesis es un desafío que me provoca y que yo acepto complacido, aún a riesgo de los malos ratos que paso gestándolos. ¡Decir tantas cosas en tan corto espacio! ¡Qué difícil y qué lindo! Me subyuga esa lucha. Dicen que sacrifico la línea melódica en homenaje a la letra, y están en un error. Quiero que la música diga lo que luego aclararán aún más las palabras”.
Sus letras resultan tan vigentes hoy que pareciera que el pequeño filósofo hubiera hecho un pacto con Dios para saber lo reincidentes que podríamos llegar a ser los argentinos y escribir en 1930 cosas que ocurrieron “en el 506 y en el 2000 también”, para sacrificarse por los otros con una generosidad grandiosa, para sufrir hasta las entrañas y no tomar revancha alguna, para decidir su muerte sin tener más que acordar con el supremo que, junto con el nacimiento de Jesús, horas antes de la Navidad, se llevara su vida calladamente.
Enrique S.Discépolo y Tania
La historia de Discepolín es apasionante. Una infancia sin padres (por el pronto fallecimiento de ambos), una educación entre el teatro grotesco de su hermano Armando y la calle, numerosos fracasos y bolsillos flacos que se alternaron con la bonanza de algunos éxitos para caer nuevamente en la mishiadura después de derrochar el dinero de sus geniales obras hasta que una nueva le llenaba las arcas. Es que su generosidad y su gran gusto por la buena vida no admitieron el concepto de “ahorro”. Su herencia fueron las regalías que propiciaban sus populares obras y que Tania, su esposa, disfrutó casi por 50 años después de la muerte del poeta.
La clara visión de la alteración de valores que estaba sufriendo la sociedad -y que ha ido profundizándose con los años- comienza con el tango "Que vachaché", madura en "Yira... yira..." y se continúa en los tangos "Que sapa señor" y "Cambalache".
No podría doler más el cuestionamiento de Enrique, cuando vemos la corrupción de los cuatro poderes que debieran velar por nuestra integridad (agrego al periodismo porque así como se ha auto-declarado un “poder” para garantizar la democracia, también ha entrado en la comercialización de opiniones y líneas editoriales), cuando mediáticamente se le da prioridad al lenguaje inclusivo antes que a la educación para todos, cuando la buscada diversión de unos jóvenes termina con la muerte de un inocente o al ver que siguen muriendo personas por desnutrición en el país del alimento.
Discépolo murió el 23 de diciembre de 1951, en el departamento céntrico que compartía con Tania. Su compromiso con el peronismo, hecho público a través de su breve y fulminante participación en un discutido programa de radio (“Pienso y digo lo que pienso) popularmente recordado por “Mordisquito”, lo distanció de varios de sus viejos amigos. A casi 70 años de su muerte sus tangos siguen golpeando en la conciencia colectiva.

*Cantante (Gaby, la voz sensual del tango), autora, escritora, compositora, guionista y Lic. en Ciencias de la Comunicación (UBA).

sábado, 22 de marzo de 2014

BAHÍA BLANCA LE RINDE HOMENAJE A "DISCEPOLIN"

Discepolo
El Jueves 27 de marzo a las 18hs en el auditorio de la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca (Zelarrayán 560), dentro del ciclo "BAHIA BLANCA NO OLVIDA",  se proyectará un documental sobre la vida y obra de ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO en el 113 aniversario de su nacimiento acompañado de un show musical a cargo de GABY, "LA VOZ SENSUAL DEL TANGO" repasando la obra de Discepolín.
“Es un honor para mí recordar la obra de Discépolo. El año pasado tuve la suerte de cantar sus canciones y en esta oportunidad puedo cambiar totalmente el repertorio y seguir haciendo sus temas porque nos ha dejado un legado tan rico y tan valioso que es imposible aburrirse de Discepolín. Mensaje es mi favorita, pero hay otras de sus obras que tienen un fuerte significado para mí; es el caso de El Choclo que fue el primer tango que interpreté sobre un escenario, cuando aún no tenía 15 años”, expresó la morocha bahiense.
Gaby interpretará tres tangos al iniciar el encuentro, luego podrá disfrutarse del documental audiovisual y regresará nuevamente para dar un cierre musical al homenaje.

Enrique Santos Discépolo: Nació en Buenos Aires el 27 de marzo de 1901 y murió en la misma ciudad el 23 de diciembre de 1951.
Gaby 
Fue actor, dramaturgo y cineasta, aunque se destacó como compositor y letrista de tangos. Huérfano desde los nueve años, lo crío su hermano Armando, un dramaturgo del grotesco rioplatense que le transmitió su pasión por el teatro. Debutó como actor en 1917 y como dramaturgo en 1918 con Los duendes. Pese a la oposición de su hermano, en 1925 comienza a componer los tangos cuyas letras angustiadas e irónicas lo convertirían en uno de los grandes renovadores del género.
Entre sus mayores éxitos figuran "Cambalache" (1935), "Uno" (1943) y "Cafetín de Buenos Aires" (1948).
Discépolo fue un acertado traductor de las causas y consecuencias que provocan los sentimientos. Su óptica, siempre aguda, áspera y mordaz, se centró en el dramatismo y la tristeza de la condición humana. No parece aventurado, entonces, afirmar que la ideología pasional de Discépolo proviene de esa escisión que lo desgarra: la cicatriz ajena.
El gran tema de su vida y de su obra ha sido el tipo de relación que logró establecer con la sociedad argentina. Nadie hizo algo similar y cuánto más anacrónicas resultan las letras de otros autores, más actuales, por contraste, suenan “Qué sapa señor!”, “Yira...yira...”, “Tormenta”, “Tres esperanzas”, “Qué va cha che” o el infañtable “Cambalache”.