miércoles, 18 de marzo de 2015

Nini Marshall :inigualable.

La mítica reunión en torno a la radio era el ritual cotidiano de la mayoría de los porteños, sin distinción de clase o edad, en las décadas del 30 y del 40. En una gran cantidad de veces era para escuchar a una mujer que poseía un humor sencillo, simple pero no por eso menos efectivo. Una demostración de su talento fue su éxito en el cine, porque no tenía una belleza deslumbrante y tampoco una voz privilegiada que le permitiera destacarse como cantante, sin embargo a pesar de no poseer ninguna de estas dos características, consideradas claves en esa época para convertirse en una gran estrella cinematográfica, igual consiguió volverse enormemente famosa.
Ella sola concebió sus innumerables y populares personajes, además de haber sido la autora de sus propios libretos. Además tuvo que enfrentarse a la censura de los gobiernos autoritarios de ese tiempo, ya fuesen elegidos de forma fraudulenta o legítima.
Es que sus caracterizaciones mostraban una imagen de Argentina que nada tenía que ver con la que circulaba por las mentes de los dirigentes, sino aquella que los auténticos artístas saben plasmar y que son verdaderos documentos de identidad de un pueblo, el de carne y hueso, con defectos y virtudes.
Su legado a los humoristas actuales se hace evidente en numerosos casos, como en las mujeres desbocadas de Antonio Gasalla, los tilingos de Carlos Perciavalle, las imitaciones de Juana Molina o Ana Acosta y las caracterizaciones de Cecilia Rosetto y Gabriela Acher, por citar a algunos.
Ella se transformó en un fenómeno de masas que tuvo su inicio en la radio y prosiguió en el teatro, el cine y en una etapa crepuscular en la televisión, hasta que el 18 de marzo de 1996, a los 92 años se apagó la vida de Marina Esther Traverso, a quien todos recordamos con el nombre de NINÍ MARSHALL.
La creadora de Catita, Cándida, Doña Pola, y otros personajes tan entrañables como estos, casi nació con el siglo, el 1 de Junio de 1903 en el barrio de Caballito. La llamaban cariñosamente Niní.
Hija de Pedro Traverso –que falleció cuando ella tenía apenas dos meses- y María Angela Pérez fue educada en un ambiente que favorecía la creatividad artística, a tal punto que su madre quería que estudiara Filosofía y Letras, cosa poco común para las chicas de esa época. Seguramente tanto estímulo rindió sus frutos más tarde.
  Casada con un ingeniero, llamado Felipe Edelman, apenas terminado el colegio secundario y a dos meses de dar a luz a su hija Ángeles, falleció su madre. Por ese mismo tiempo su marido, que era un jugador compulsivo, perdió todo el dinero y los valores. Su decisión fue terminante: separarse. "Mi catástrofe sentimental y económica" la llamó en sus memorias. Sin embargo semejante tragedia no logró inmovilizarla, sino que desplegó una singular actividad. Se convirtió en crítica de espectáculos, y empezó a firmar con el seudónimo Mitzi algunas notas de chimentos en una columna denominada "Alfilerazos" para "Sintonía", la mayor revista de espectáculos de los años 30.
No obstante fue en el programa radial "La Voz del Aire", en 1934, que empezó a trabajar seriamente su talento, como la "cancionista internacional" Ivonne D'Arcy -que todo lo imitaba y que todo lo cantaba-. Este personaje, con un rótulo cursi, le permitió modelar el oficio de la genial imitadora y descubrir los recursos que le ofrecía la radio.
Aunque el éxito de sus otros personajes y el cine hicieron olvidar a Ivonne, pero sobre todo porque había decidido cambiarse el nombre por uno "más pegador". Para ello recurrió al apodo de su infancia: el cariñoso Niní (de Marinita, Ninita), que lo complementó con el apellido Marsal, proveniente de las tres primeras letras de su nombre (Marina) y del apellido su segundo marido, Marcelo Salcedo. Tal vez por cosas del destino, o por que la prensa no lo consideró lo suficientemente glamoroso, lo modificó transformándolo en Marshall.
En esta etapa de su carrera ya compartía cartel con figuras consagradas como Marcos Kaplan, Pepe Iglesias, Tito Lusiardo y Juan Carlos Thorry.

En 1938, Manuel Romero, un famoso director cinematográfico, entendió que aquella señora que se iba haciendo popular por la radio, podía tener futuro en el cine. De este modo fue como se eligió a "Catita" para encarnar a una de las "Mujeres que trabajan", su debut cinematográfico que resultó un gran éxito de taquilla.
"¿Sabe ande asistimo anoche? A un concierto -cuenta Catita o mejor dicho la señorita Catalina Pizzafrola-. Salió un melenudo y se puso a aporrear el piano, que yo pensaba: 'Dale nomá... ¡Cómo sevé que el piano no es tuyo! Si te agarra Jacobo Fisher...' Porque el piano tenía el monograma del dueño: Jacobo Fisher".
Cuentan sus memorias, aparecidas en 1985, que la fuente de inspiración para la composición de Catita fueron las chicas que se juntaban en la puerta de la radio a la espera de Juan Carlos Thorry, por entonces su compañero en ese medio. "Eran muchachas chismosas, encantadoras y meteretas. Decían 'voy de Fulana', vestían de mal gusto y en forma extravagante", con estola de zorro y sombrero. El nacimiento de Catita fue algo casual y anecdótico, resultó de una broma más a su compañero de trabajo. Una vez, Niní se presentó delante de Juan Carlos Thorry y le dijo: "¿No me daría un utógrafo, diga? Yo que tanto lo amiro. ¡Ande ...sea bueno, déale!" . Y es que Catita deja su ignorancia de manifiesto cuando pregunta: "¿lo qué?" y tiene actitud de 'sabelotodo'. Sin embargo, es una mujer solidaria, "no es mala" dijo Niní, "es criticona, y al criticar dice maldades"
Para elaborar a Catita recurrió a las fuentes, por eso se paseaba en colectivo, iba de compras a los mercados especialmente para encontrarse a una de esas chicas, que luego las seguía incluso hasta la casa.
Niní definió a su personaje como "la expresión cabal del quiero y no puedo". Pero aquí no todo el mundo está de acuerdo con la definición que dio Niní de su creación. Para el escritor y filósofo Abel Posadas "el quiero y no puedo" se contradice, "en realidad es quiero, puedo, hago lo que se me antoja y no le tengo miedo al ridículo".
Emilio Córdoba, dueño de la tienda "La piedad" le propuso auspiciar, en la radio, algún personaje nuevo. Ella y Thorry le presentaron a Catita. Al escucharla, Córdoba se divirtió mucho, pero se negó a dar el auspicio. "Si nosotros promocionamos a Catita, pierdo a mis clientes. ¡Son todas iguales a ella!". Finalmente su debut radial fue el 21 de mayo de 1937.
"Hola Dolores -dice la gallega Cándida, hablando por teléfono-. ¿Sabés quién se está por morir? Paco, el relojero. Se le está acabando la cuerda. Anda medio muerto, por eso la mujer se ha puesto de medio luto. Y la que se murió fue la Firmina. ¡De un aire! ¡Qué cosa más tonta! Se hobiera muerto de un ventarrón."
En el año 1939 los Establecimientos Filmadores Argentinos contrataron a Cándida, un personaje que tuvo un nacimiento muy particular. A través de ella, Niní inmortalizó el espíritu de Francisca Pérez, la mucama de su casa; y fue con ella que ingresó al mundo del espectáculo. La imitaba de niña, de adolescente, de joven. En su casa, con sus amigos, con sus compañeros de redacción o con los primeros colegas de la radio...y después ante el micrófono. Aunque ya entonces, más que una imitación, era una caricatura.
"Chiquita y fea como era, entro en mi corazón para siempre. -contó Niní- acababa de llegar de España en busca de una casa donde le pagaran un sueldo, le diera casa, comida y los domingos libres. Había nacido en Mataluenga del Bierzo, un pueblito de la provincia de León. Pero por todas sus características, era una auténtica gallega. (...) A mamá, por ejemplo, era capaz de decirle:
- No diga burradas, señora... Osté, con sus cortos conocimientos no sabe que...
A veces le preguntaba a una visita que almorzaba en casa:

- Osté, ¿no come más?
- No, Francisca. Gracias
- ¡ Qué zonzo ! .
(...) Era inteligente para algunas cosas, pero nunca le interesó aprender a leer ni a escribir. "¿ Para que voy a aprender? ¿ Para que se rían de mí?". Por insistencia de mi mamá, intenté enseñarle, pero fue inútil. No logré hacerle escribir una o, ni por redonda".
Debuta en un programa de radio de una porteña de alta sociedad llamada Josefina Cano Raverot, conocida como Pipita y que conducía el programa "El chalet de Pipita". En cierta vez, escuchó a Niní imitando a su querida y recordada mucama Francisca y le pidió que repitiera el personaje en su programa, como propaganda para la venta de diferentes productos.
Cándida representa a los inmigrantes gallegos honrados y tenaces, trabajadores, fieles, incapaces de la bajeza pero muy apegados a lo utilitario. Ellos emocionan fácilmente cuando les viene "la morriña", o sea la nostalgia por su tierra, Galicia.
Para Abel Posadas "Niní entrega con Cándida - un nombre nada casual - un homenaje filoso hacia la inmigración que, contestataria sin saberlo, nada tiene que ver con las cabezas rubias soñadas por Alberdi y Sarmiento..."
Una censura muy particular
Hizo un total de 37 películas, entre ellas se destacaron especialmente, la ya nombrada "Mujeres que trabajan", "Divorcio en Montevideo", "Casamiento en Buenos Aires", "Luna de miel en Río", "Cándida", "Hay que educar a Niní", entre otras, en donde ella era la autora de la mayoría de sus diálogos.
Su talento para reproducir los rasgos del habla de diferentes sectores sociales o colectividades fue un aporte no sólo para el humor, sino también para la investigación filológica.
Pero estos valores fueron juzgados como "una deformación del idioma" que ponía en riesgo la pureza de la lengua "para el pueblo que no tiene capacidad de discernir", según enunciaron los funcionarios -de mentes muy estrechas- del golpe de Estado del 4 de junio de 1943. La misma consideración se tuvo con muchas letras de tangos por la utilización del lunfardo y modos del habla de la sociedad argentina. Todo aquello a pesar de que un interlocutor siempre ejerciera una suerte de ultracorrección en cada aparición de Catita, que dada la situación que estaba viviendo un día debió despedirse de la audiencia con un "hasta mañana, si nos dejan..."
Ya en 1950, Niní debió alejarse del país acusada de enemistad política. El gobierno de Juan Domingo Perón, si bien no la había prohibido expresamente, dio orden de rescindir sus contratos cinematográficos, medida que a los efectos prácticos funcionó como una censura. Curiosa paradoja para un gobierno mayoritario que mediante artilugios prohibía a una artísta muy popular. Como dijo una vez un crítico "prefirió el autoexilio a reinar censurada", entonces se dirigió rumbo a México, en donde siguió trabajando en radio y en cine, deslumbrando no sólo al público mexicano, sino también al cubano, al español y al de los barrios latinos de Nueva York. En esa época se divorció de un marido que no pudo dejar sus propios asuntos de Buenos Aires. En 1952 se casa por tercera vez con Carmelo Santiago.
Permaneció en México hasta 1955, año en que regresa e inmediatamente vuelve a ubicarse entre las grandes figuras, aunque su carrera, no deslumbró como antes. En esta época se destaca en teatro el gran éxito que significó "Coqueluche", con Thelma Biral.
En 1973 debutó en la temporada marplatense –de la mano de Lino Patalano- con "...Y se nos fue redepente", un espectáculo de café concert que ha sido considerado como uno de los máximos exponentes del humor negro en la Argentina. En él, alternaban en escena todas sus creaciones con motivo del funeral de Don Pascual, el zapatero del barrio. Llegó a las 800 representaciones, un programa especial en Canal 13, junto a Carlos Perciavalle (se puede ver un fragmento en Internet, en el site de la WebTV: www.webtv.com.ar) y un disco en la compañía CBS.

"Una noche en la radio" junto a Juan Carlos Thorry, la estreno en 1977 en el Teatro San Martín. Se trataba de una nostálgica evocación de una audición radial de los años 40 en donde se presentaban sus históricos personajes. Luego de ser la figura estelar de varios programas televisivos y de una despedida escénica en 1981 con una obra que tenía el melancólico título de "¿Quién apagó la luz?", acompañada por Jorge Luz, en 1983 decidió retirarse. Dos años más tarde, recopiló sus recuerdos y experiencias en un libro: "Mis memorias". Sólo en el '88 apareció fugazmente en televisión para el ciclo de Antonio Gasalla.
A partir de ese entonces se sucedieron numerosos homenajes, como cuando fue nombrada Ciudadana Ilustre, en 1989, por el gobierno del Partido Justicialista de la Municipalidad de Buenos Aires, como una actitud que apuntaba al desagravio por la censura ejercida cuatro décadas atrás. El reconocimiento de sus pares llegó en 1992 con el Premio Podestá, otorgado por la Asociación Argentina de Actores, y en ese mismo año su productor Lino Patalano, la actriz Marilú Marini y el director Alfredo Rodríguez Arias eligieron sus textos para montar en París una obra llamada "Mortadela", que se estrenó en Buenos Aires al año siguiente. El mismo equipo creó el espectáculo "Nini", en 1995, que fue presentado en París y Buenos Aires.
El último gran homenaje se realizó, con el auspicio oficial del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, hace poco tiempo, el 25 de junio de 1997, con motivo de la presentación de un libro dedicado a la actriz y sus personajes "Niní Marshall, la máscara prodigiosa", realizado por Susana Degoy, su sobrina nieta. Su presentación fue una ceremonia presidida por el titular del gobierno de la ciudad, Fernando De la Rúa, la autora de la obra, Ángeles -la hija de Niní Marshall-, el actor Carlos Gamallo –su nieto-, y numerosos artístas y personalidades de la cultura y la política.
Hugo del Carril, Niní Marshall, Luis Sandrini, Libertad Lamarque y Tita Merello han conformado -para varias generaciones de argentinos- el epicentro del imaginario popular. De todos ellos, los más originales fueron Hugo del Carril y Niní, ya que los otros siempre representaban al mismo personaje. Pero sin duda la más genial y prolífica fue Niní Marshall.
Para los psicólogos, Niní parece presentarse como un caso evidente de doble personalidad; para los astrólogos, tiene los rasgos típicos de los geminianos; para los sociólogos, es el resultado de la aguda observación de las características de sus semejantes en distintos estratos sociales; y para los filólogos, sus personajes representan un objeto de estudio del habla de los argentinos, tal es así que del Instituto de Filología de la Facultad Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la Plata se grabaron, en una audición especialmente preparada por Niní Marshall, cuatro de sus personajes. El Instituto de Filología dejo de existir hace ya unos años y lamentablemente se desconoce el destino de esos registros.
"-¿Cómo aprendí a hablar como los inmigrantes?" -contaba Niní- "Bastaba con pasar un ratito en la ventana de casa". Porque entre 1910 y 1920 Buenos Aires era una Babel de dialectos mezclados con la lengua de la ciudad. El sainete porteño es fiel testigo de aquel momento y la garganta de Niní fue su difusora.
Su fama se cimentó en el medio radial, a la que el cine de Bayón, Herrera y Amadori le dio imagen y aumento de popularidad, sin opacar el tremendo éxito de la radio.
El país entero cayó bajo la mímesis de Niní, todo se paralizaba para escuchar su programa. Es que en aquel tiempo, la programación radial tenía una mayor repercusión y relevancia que la de hoy en día. El filósofo Abel Posadas explicó que "para toda esa gente sin libertad y sin trabajo o con empleos pésimamente remunerados, la radio ofició de puente entre la esperanza y la ilusión".
En este marco, el sociólogo Julio Mafud analizó la relevancia de la artista y su obra: "Niní aparece en un período de reacomodamiento de los distintos niveles sociales, que sería en general transitorio, y por el cual todo el mundo quería imitar a la clase inmediatamente superior, exagerándola y cayendo en lo que se conoce como pautas de "cocoliche", el inmigrante que imitaba exageradamente al criollo, y que por el proceso inverso era descubierto.
Ella ante un gran auditorio es la comunicadora entre la caricatura y el elemento cómico. Representaba un personaje por estrato social."
Vistos retrospectivamente, sus personajes hablan de la Argentina que ya no es, de los inmigrantes de principios de siglo, de los provincianos deslumbrados por la capital, de las familia oligárquicas o de nuevos ricos pretendiendo parecérseles. Exagera sus defectos, sus virtudes y sus características
Todos sus personajes fueron muy populares. Pero, sin duda alguna, los dos más celebrados y mas recordados son Catita y Cándida, los demás nunca gozaron de la popularidad de estas dos geniales creaciones, a pesar de la maestría de su composición.
Entre ellos se destacaron:
Niní Marshall 
con Enrique Muiño.
Doña Pola.
Una simpática anciana judía. Es la dueña de la tienda "Los 3 hemisferios" y que aprovecha cualquier ocasión para hacerle publicidad.
Mónica Bedoya Hueyo Picos Pardos de Unzué Crostón.
Insoportable mujer llena de modismos y costumbres aristocratizantes. Atrapada por la sociedad de consumo rechaza todo lo común. Con la "bienuda" de Barrio Norte incorpora nuevos códigos al habla argentina como "podéme" o "tarúpido" (mezcla de tarado y estúpido) y destrucción de fonemas como por ejemplo "depre" y "porsu". Es la tilinguería de las mujeres de la clase alta o las que aspiran a serlo.
Belarmina Cueio.
Chica provinciana, empleada doméstica de la Niña Jovita. Algo mentirosa, torpe y a menudo reprendida por su patrona, que en ocasiones la castiga físicamente. Las obligaciones de casa y cuidar al loro son su ocupación. De ella nos dice Niní "surgió en mi mente en los años en que estuve viviendo en el interior".
La niña Jovita y su loro Romeo.
Mantiene siempre su deseo de "casosiarse" con un caballero que enamore su corazón ingenuo de dama antigua. Niní la sacó de la observación de las amigas solteronas de su tía.
Gladys Minerva Pedantoni.
Es la alumna más estudiosa la clase. Desenfadada, vanidosa que obsequia regalos a sus maestras y es el blanco de las bromas de sus compañeros.
Doña Caterina Gambastorta de Langanuzzo.
Abuela de Catita de 90 años, y a pesar de estar hace mucho en la Argentina conserva su acento italiano.
Don Cosme.
Un italiano de voz ronca, al que abandonó pronto por consejo de su fonoaudiólogo.
Lupe.
Es una joven mexicana sufrida y enamorada de su esposo Margarito, borracho y haragán.
La Bella Loli.
Actriz de varieté pasada de moda.
Giovannina Regadiera.
Recreación de una soprano italiana.
Fruelain Frida.
Una alemana dueña de un largísimo perro salchicha.
Mingo.
El chico travieso del barrio. Es el hermano de Catita.
Doña Pola
Gladys Minerva Pedantoni
Don Cosme
Mingo
En Argentina:
Mujeres que trabajan (Romero, 1939)
Divorcio en Montevideo (Romero, 1939)
Cándida (Bayón Herrera, 1939)
Casamiento en Buenos Aires (Romero, 1940)
Los celos de Cándida (Bayón Herrera, 1940)
Hay que educar a Nini (Amadori, 1940)
Luna de miel en Río (Romero, 1940)
Yo quiero ser bataclana (Romero, 1941)
Orquesta de señoritas (Amadori, 1941)
Cándida millonaria (Bayón Herrera, 1941)
La mentirosa (Amadori, 1942)
Cándida, la mujer del año (Santos Discépolo, 1943)
Cármen (Amadori, 1946)
Madame Sans Genes (Amadori, 1947)
Santa Cándida (Amadori, 1946)
Una mujer sin cabeza (Amadori, 1947)
Buenos Aires canta (Producción Sucesos Argentinos, 1947)
Porteña de corazón (Romero, 1948)
Mujeres que bailan (Romero, 1949)
En España
Yo no soy la Mata Hari (Perojo, 1949)
En México
Una gallega en México (Soler, 1949)
Una gallega baila mambo (Gómez Muriel, 1950)
La alegre casada (Zacarías, 1950)
Mi campeón (Urueta, 1951)
Los enredos de una gallega (Soler, 1951)
Amor de locura (Baledón, 1952)
Dios los cría (Martínez Solares, 1953)
Una gallega en La Habana (Cardona, 1955, coproducción con Cuba)
De regreso al país
Catita es una dama (Saraceni, 1956)
Cleopatra era Cándida (Saraceni, 1964)
Escándalo en familia (Porter, 1967)
Ya tiene comisario el pueblo (Carreras, 1967)
La novela de un joven pobre (Cahen Salaberry, 1968)
Vamos a soñar con el amor (Carreras, 1971)
Que linda es mi familia (Ortega, 1980)

miércoles, 11 de marzo de 2015

Oreste Omar Corbatta, un ídolo

“No me pasés la pelota que no la veo”, le dijo Oreste Omar Corbatta a Raúl Oscar Belén antes de un crucial partido de Racing Club frente a Estudiantes de La Plata. La estrella del equipo había llegado al estadio de Avellaneda con una curda fenomenal y la legendaria Tita Mattiussi lo recibió con un baldazo de agua fría para tratar de apaciguar los efectos del alcohol. No pudo. El Loco estaba demasiado borracho como para comprender la charla técnica y todo lo que sucedía a su alrededor. Sin embargo, tenía que jugar. Corbatta era demasiado bueno como para quedarse afuera por un simple exceso. Sin ver la pelota, marcó dos goles. Imagínense lo que hacía cuando la veía.
Es el máximo ídolo de la historia de Racing y uno de los jugadores más queridos de todos los tiempos en el fútbol argentino. Un crack romántico, un wing que definió a todos los demás wines, un hombre que no sólo marcó una época: creó una manera de entender el juego. Corbatta tenía habilidad, precisión, gambeta, picardía y personalidad. Cuando tomaba contacto con la pelota, sólo se desprendía de ella cuando él lo decidía. Era imposible marcarlo sin pegarle. Se ganó el apodo de Loco no por sus conductas fuera de la cancha, sino por su forma de jugar. Hacía siempre lo contrario a lo que la lógica indicaba y en cada una de sus actuaciones dejaba algo para el recuerdo.
Antes de un encuentro contra Ferro Carril Oeste, con la camiseta de Boca, un fotógrafo le dijo: “Dale Corbatta, jugá que te saco una foto”. Es que muchas veces el Loco no tenía demasiadas ganas de jugar y su cara y su actitud eran muy transparentes como para ocultarlo. “Si me sacás una foto, juego”, le respondió. El reportero asintió y entonces Corbatta agarró la pelota, gambeteó a cuatro rivales y convirtió un golazo. “¿Y, me la sacaste?”, preguntó. “No me diste tiempo, recién preparo el rollo”, contestó su amigo ocasional. Eso provocó el enojo del crack, que se quedó parado al lado de su línea y no tocó más la pelota en todo el partido.
Muchos dijeron que Corbatta fue “el Garrincha argentino”, pero algunos que vieron jugar a ambos afirman que Oreste era igual o mejor que Mané. De todos modos, no tiene sentido crear una rivalidad. Fueron contemporáneos y entre ambos crearon una identidad: la del wing. Futbolistas de apariencia frágil, flacos, chuecos y hasta un poco deformes. Pero increíblemente talentosos. Locos por su forma de afrontar la vida, genios por su manera de jugar, felices por lo que transmitían en la cancha y desdichados por lo que vivían fuera de ella. Quizás la raza de futbolista más querible que hubo jamás.
“Creíamos por error que se llamaba Comesaña. La rompió y le hizo hacer dos tantos al Turco Balassanián, goleador de la tercera. Varios años después supimos que el marcador de punta rival, severo defensor, era el tucumano David Iñigo, que después compartiría plantel de la Selección con él”, afirmó hace tiempo en una entrevista a la agencia Télam el ex defensor Héctor Bono, el primer gran amigo de Corbatta en Racing. Dos mil personas fueron a ver el debut de la nueva estrella en la Academia. Es que ya se venía hablando de un flaquito que era un fenómeno. El flaquito no decepcionó a nadie.
Corbatta nació en un pueblito bonaerense llamado Daireaux, pero creció en La Plata junto a sus ocho hermanos. Su padre murió cuando él era un niño y su madre decidió trasladar a la familia a la capital de la provincia. Su niñez fue dura, como la de muchos cracks del fútbol argentino, que encontraron en la pelota una salida a la pobreza y un sitio de pertenencia. Oreste no fue a la escuela y era analfabeto, algo que lo avergonzó durante toda su vida. A pesar de eso, siempre llevaba consigo un diario, como si fuera un recordatorio de su carencia. Su primer acercamiento al fútbol profesional fue en Estudiantes, donde jugó en sexta división y quedó libre tras una lesión en el tobillo. “Se olvidaron de él”, contó Julio Venini, futbolista del equipo platense.
Deslumbró en Juverlandia de Chascomús un par de años, hasta que lo encontró un enviado de Racing Club. Todos en el pueblo conocían su talento y a nadie le sorprendió que poco después el crack de barrio que era imparable en los potreros brillara en las canchas de primera división. Debutó en 1955 y dos años después formó parte de una de las Selecciones más recordadas de todos los tiempos: la de los Carasucias en el Sudamericano 1957 que le ganó 3-0 a Brasil en la final. La delantera sale de memoria: Corbatta, Maschio. Angelillo, Sívori y Cruz.

Ese año, además marcó el mejor gol de su carrera, que también es un hecho trascendental para el periodismo mundial. Fue en un partido frente a Chile disputado en la Bombonera, por las Eliminatorias para el Mundial de Suecia 1958. Gambeteó a dos rivales, luego al arquero y cuando estaba por definir, espero la llegada de otro defensor, le amagó y volvió a hacerlo pasar de largo. Entonces, definió tranquilo, con los dos chilenos mirando desde el piso. Fue una acción maravillosa, que no necesitó del paso del tiempo y del boca en boca para ganar brillo. Porque la prestigiosa revista estadounidense Life publicó una foto de la jugada en su portada. Fue la primera y única vez que eligieron al fútbol para ilustrar la tapa.
El ex defensor de River Federico Vairo cuenta una anécdota que describe a la perfección su personalidad, pícara y honorable a la vez: “En una ocasión, ni bien empezó el partido se me había parado al lado mío y se me quedó ahí, lo que ya me ponía nervioso. De pronto me miró y me dijo ¿Cómo anda tu madre?… ¿y de la vida de tu hermana qué es? Yo le respondí ¡Callate y jugá!… Cuando termine el partido nos vemos afuera si tenés algo que decirme… Con eso se calló la boca y me dejó de embromar. Tras finalizar el encuentro, mientras nos estábamos duchando golperon la puerta del vestuario. ¡Era él que me venía a buscar! Salí con toda precaución… y vi que quería charlar conmigo en serio, venía a invitarme al vestuario para tomar algo porque cuando intentó hacerlo inicialmente en el campo me había enojado”.
Jugó siete años en Racing, hasta 1962, año en el Alberto J. Armando pagó una cifra récord para llevarlo a Boca: 12 millones de pesos. En la Academia fue dirigido por Juan José Pizzutti, quien le puso el apodo de Arlequín. Fue amado por todos en Avellaneda y hasta hinchas de Independiente se hicieron socios del clásico rival para disfrutar del fútbol de Corbatta. En Boca mostró sólo destellos de su magia, como en una ocasión en la que marcó tres goles a Vélez. En 1965 pasó a Independiente Medellín y cuatro años más tarde volvió a Argentina para jugar en San Telmo. Se retiró en 1974, jugando para Tiro Federal de Río Negro.
Es el máximo ídolo de la historia de Racing y uno de los jugadores más queridos de todos los tiempos en el fútbol argentino. Un crack romántico, un wing que definió a todos los demás wings, un hombre que no sólo marcó una época: creó una manera de entender el juego.
Además de ser el máximo ídolo de la historia de Racing y un jugador emblema para los románticos, Corbatta fue uno de los futbolistas que más se destacaron en la Selección Argentina. Fue el único que se salvó del desastre de Suecia en 1958, tiene el récord de presencias consecutivas en la Selección (27) y marcó 18 goles internacionales. Después del subcampeonato en 1930 y la participación fallida en 1934, el equipo nacional estuvo 24 años sin jugar una Copa del Mundo. Cuando regresó, el símbolo era Oreste Corbatta. El resultado de la excursión sueca fue pésimo, pero su huella con la Albiceleste también es imborrable.
No le gustaba entrenarse, llegaba tarde y muchas veces los entrenadores no lo ponían. Pero era imposible tenerlo en el banco de suplentes por lo que significaba su presencia y porque la hinchada iba a la cancha a verlo a él. Entonces, siempre terminaba jugando, sobrio o borracho. En una gira de Boca por Europa, Carmelo Simeone era el encargado de vigilarlo de cerca. Él decía que cuando estaba cerca, el Loco no tomaba. Ingrata sorpresa se llevó el Cholo cuando se dio cuenta de que abajo de su cama había una pila de botellas de cerveza vacías.
A pesar de su fama de calavera y amante de la noche, Corbatta no era lo que se dice un galán. Lo costaba mucho entablar conversación con las mujeres y él mismo admitió más de una vez su mala suerte con el sexo opuesto. Su primera esposa fue “una chica de la calle” que le presentaron sus compañeros y de la que él se enamoró perdidamente. Luego tuvo tres matrimonios más. “Con la primera me fue muy mal; con la segunda me fue mal; con la tercera mal y con la cuarta, mal. Las cuatro me sonaron, pero las quiero lo mismo”, afirmó alguna vez.
Otra de sus grandes virtudes era el lanzamiento de penales. “En los penales, los mataba a todos. Nunca me ponía de frente a la pelota, siempre de costado. Le pegaba con la cara interna del pie derecho y en el medio, con un golpe seco. Además, agachaba la cabeza para que el arquero no adivinara dónde iba a tirar y en cambio yo veía todo lo que él hacía. En cuanto se movía era hombre muerto… De 68 me sacaron solo 4″. Durante el Mundial 58 jugó una apuesta con Amadeo Carrizo: 50 penales, si el arquero sacaba diez o más, ganaba. Con todo el plantel y el cuerpo técnico como espectadores, el Loco marcó 49 y el otro lo estrelló en el palo… quizás a propósito.
“¿Sabés por qué no podían sacarme la pelota? Porque ella no se quería ir de mi lado. Otras cosas sí me sacaron, pero la pelota no”. Oreste Omar Corbatta, uno de los futbolistas que hizo feliz a más gente, murió pobre y abandonado por aquellos a los que les hizo ganar fama y dinero. Vivió sus últimos días en una piecita en la cancha de Racing, lejos de todo lujo pero cerca de lo único que marcó su vida: la pelota.

jueves, 5 de marzo de 2015

FLORENCIO PARRAVICINI 1876 –1941

Se llamaba Florencio Bartolomé Parravicini Romero Cazón, y su padre era un coronel argentino que dirigió
la Penitenciaría y tenía un sólido pasar económico. Su abuelo, un terrateniente que vino desde Italia ostentando el título de marqués. Se dice que a la edad de catorce años, su vocación era la de sacerdocio católico, apostólico y romano. Abandonó esta idea y se fue, con dieciséis, a la Patagonia a cazar lobos.
Más tarde aprendió a volar aviones, corría el 1910, y obtuvo el brevet civil Nº 2 en Argentina. A los veinticinco años viajó a Europa, en menos de un lustro dilapidó en fiestas, prostitutas, alcohol y casinos la cuantiosa fortuna que había heredado de sus padres (es el autor de la frase: “… allí no se me fue toda. Hubo una gran parte que malgasté”). Se tomó las de Villadiego, recaló en París, y trabajó como cantor criollo. De regreso volvió al sur y se dedicó al contrabando en Puerto Deseado. Más tarde trabajó como cicerone e intérprete y a partir de 1914 como artista en cafés del bajo porteño. Era un tirador de notable puntería, cosa que aprovechaba para hacer espectáculos haciendo uso de esa destreza. Contradictorio hasta el límite de lo tolerable, se presentó en las elecciones municipales de 1926 como candidato por el partido Gente de Teatro se convirtió en concejal porteño con el 6 por ciento de los votos. Su labor en ese cargo fue prácticamente nula y su mayor mérito, aunque cueste creerlo, fue organizarle un homenaje al Príncipe de Gales cuando visitó la Argentina.
Florencio fue pariente, en segundo grado, del pintor y artista Benjamín Solari Parravicini (1898-1974); y a propósito de éste último, cabe agregar un párrafo que pinta a este núcleo familiar con certero trazo: “Fabio Zerpa lo bautizó como ‘el Nostradamus argentino’. El tal Benjamín, desde la más tierna infancia, decía que hablaba con ángeles, hadas y duendes. Su padre era psiquiatra y preocupado por los amigos invisibles de su hijo, lo sometió a intensivos análisis médicos que no demostraron que tuviera enfermedad alguna. Por entonces el pequeño preanunciaba una "guerra que estallaría en el 14" la Primera Guerra Mundial, que sería su primera predicción. Benjamín era el hermano díscolo de una familia muy acomodada: bohemio , mujeriego, amante de la noche y las copas, llevaba una vida disipada e irresponsable hasta que, a los treinta y dos años, según narra Justino, su hermano menor, una noche se le manifestó violentamente la aparición de una fuerza extraña. (…) A partir de ese momento empieza a escribir lo que "le dictan". Muchas de esas hojas las rompió por no comprender su contenido, hasta que vio que algunos de esos escritos, eran profecías que se cumplían. Su mayor producción de profecías va desde los años '30 a los años '50. En ellas esboza lo que va a ocurrir después.(…) A pesar de provenir de una familia acaudalada canjeaba sus dibujos por comida y cerveza en las tabernas del barrio. Incluso lo hacía con aquellos alumnos a los que enseñaba pintura y veía talentosos. Dijo cierta vez que su ángel le dijo que aprendiera a pintar y así lo hizo, compró telas y pinceles y comenzó. Tiempo después ganó premios internacionales. Su obra pictórica se halla en distintas colecciones privadas europeas y en castillo real de Bélgica. Para realizar sus psico–grafías entraba en estado de trance, se le daban vuelta los ojos y tenía leves convulsiones.
Pablo Sirvén, allá por el 2007 (año que, para algunas cosas, parece tan lejano), así escribía sobre Parra en La Nación y, de paso, citaba a César Tiempo: “No existía el peronismo ni la televisión ni Pinti. Pero se podría decir que, de alguna manera, el gran Florencio Parravicini casi intuyó a los tres. La misma sonrisa, de oreja a oreja, de Gardel y de Perón; su extremada facilidad para saber pulsar las cuerdas más populares y granjearse el cariñoso “¡¡¡Pa-rra!!! ¡¡¡Pa-rra!!!”, con lo que lo vivaban entusiasmados sus seguidores y la lengua desmadrada que heredaría medio siglo más tarde de su apogeo Enrique Pinti, lo convierten en un precursor de la escena que cada tanto se hace necesario rescatar del olvido. "Un bufo de las dimensiones y de las actitudes de Parra–decía César Tiempo en ‘Florencio Parravicini’ (Centro Editor de América Latina, Bs. As., 1971)– tenía que ser rechazado por la sociedad a la que pertenecía por derecho propio. Sin embargo, supo conquistarla, sin proponérselo, hasta ponerla a sus pies. Primero, fue un cómico de la chusma, para usar una denominación que puso en boga Almafuerte; un bululú que divertía a marineros, estibadores y calientacamas en los tabladillos de café concerts o en los galpones de la calle 25 de Mayo, donde toda procacidad encontraba asilo. Después conquistó la calle Corrientes y tuvo a la ciudad y la sociedad en un puño. (…) Paquetísimo y reo a la vez, Parra había frecuentado de joven la quinta La Casona, que pertenecía a su prima hermana, Dolores Parravicini de Solari, ubicada en Vicente López. Parece que el mismísimo Juan Manuel de Rosas había visitado la quinta pocas décadas atrás y hasta su hija Manuelita había dejado guardado allí un piano cuando debieron marchar de apuro a un exilio del que nunca volverían. Por si fuese poco, su padre había sido hermano de leche del general Lucio V. Mansilla. Cuna de oro y la universidad de la calle hicieron de Parra un hombre completo: de salón y arrabal al mismo tiempo, dueño de mil registros y capaz de meterse en el bolsillo al auditorio más indócil.”
Y, sí. Ha de haber domado a un auditorio tan indócil como él lo fue con la sociedad en la que vivió. Al fin y al cabo, es cierto, porque de la cruza de los dóciles, entre sí, se podrán hacer obedientes militantes, prósperos comerciantes, circunspectos burócratas, correctos empleados, exitosos empresarios, fieles amanuenses, y hasta prestigiosos redactores de diarios serios; pero nunca (lo que se dice “nunca”) –ya Florencio, ya Benjamín– podrá nacer un: “Parravicini”.

miércoles, 25 de febrero de 2015

José Razzano “el Oriental”

Según dicen sus biógrafos, era un excelente cantor, disponía de una voz de tenor afinada y dúctil que lamentablemente las grabaciones de su tiempo no pueden registrarla. Como los testigos de entonces ya no están en este mundo y lo que dejan oír las grabaciones es de regular para abajo, sólo queda la alternativa de la fe, de creer que efectivamente Razzano fue un distinguido cantor a quien la mala suerte o la mala salud de sus cuerdas vocales le obligó a dejar los escenarios en 1925.
La otra versión es la opuesta, la que sostiene que en el mejor de los casos servía para acompañar, que como solista apenas alcanzaba para lucirse en algún bodegón y que su fama se debe exclusivamente a su amistad con Gardel. Sus críticos insisten en que si no hay grabaciones buenas es porque no había nada importante para grabar e incluso le niegan la condición de tanguero, ya que sus canciones poco y nada tienen que ver con el tango, pues se trataban, en todos los casos, de aires camperos, zambas, milongas sureñas de deficiente composición musical y pésimas letras, la mayoría de las cuales evocan un paisaje rural bucólico y convencional. Respecto de sus partituras musicales, se pone en duda la autoría de muchas de ellas, algunas compradas por pocos pesos y otras recogidas del anonimato
En lo que sí hay coincidencias es en destacar que poseía un gran olfato para los negocios, que era un excelente administrador y sabía defender como nadie los intereses de sus representados. En octubre de 1925, Gardel lo nombra administrador general de todos sus bienes. Razzano ese año se retira del canto y asume lo que efectivamente sabe hacer, más allá de que luego por razones monetarias romperá relaciones con Gardel, relaciones que nunca volverán a normalizarse porque las ofensas, según se dice, eran profundas y, además, porque Medellín lo impidió. No obstante, se cuenta que precisamente en Colombia, poco antes de la tragedia, Gardel se fastidia porque el contrato lo obliga a cantar en un local abierto. Y es en esa ocasión que le comenta a los amigos: “Pepe (por Razzano) jamás hubiera permitido un cosa así”.
Razzano lo sobrevivirá a Gardel veinticinco años. En ese tiempo, será representante de Charlo, otra de las grandes voces del tango, y compañero en Sadaic de Francisco Canaro, Homero Manzi y Francisco Lomuto. En 1952, José Cimarro escribe en su homenaje el tango “Pepe”, grabado luego por la orquesta de Alfredo Attadía. Con Cátulo Castillo escribirán y compondrán algunos temas, entre los cuales merece destacarse “Café de los Angelitos”, pero está claro que no fueron ni el canto ni la composición musical su fuerte, que su habilidad principal fueron las relaciones públicas y un singular talento para estar en el momento adecuado al lado de los grandes.
José Francisco Razzano nació en Montevideo, muy cerca de la Plaza Independencia, el 25 de febrero de 1887. Tenía dos años cuando llegó con su madre a Buenos Aires, al barrio Balvanera para ser más preciso. Las crónicas registran que para 1903 participa como cantor de la Compañía Dramática Nacional dirigida por Adriana Cornaro. Ya en esos años es un protagonista de los centros gauchescos, donde luce sus habilidades como cantor y payador. De aquellos años, se recuerda su amistad con Betinotti, Castriota y Cassaux, y una memorable payada con Damián Méndez
Puede que sus primeras grabaciones las haya hecho en el sello Víctor en 1911. Se trata de temas criollos entre los que merecen destacarse “La china fiera”. A su favor debe decirse que un cantor en aquellos años no tenía otro repertorio a mano que el de la música campera. Faltaban unos años para que llegaran los poemas tangueros y sus grandes músicos.

Según se dice, porque sobre estos temas los documentos no existen o son contradictorios, con Gardel se conocieron en aquellos años en la casa del pianista Gigena. También se habla de un duelo de cantores en el cafetín ubicado en la esquina de Olavarría y Almirante Brown. En 1946, Enrique Cadícamo evocará ese duelo en su poema “El Morocho y el Oriental”. La música pertenece a Ángel D’Agostino, y Ángel Vargas lo cantará por primera vez.
A Gardel y Razzano se suman en un primer momento Francisco Martino y Saúl Salinas, pero al poco tiempo el dúo del Morocho y el Oriental es el que perdura y lo hará hasta 1925. Esto quiere decir que durante más de diez años Gardel y Razzano trajinarán boliches, bodegones, locales bailables y cuanto lugar se dignara a invitarlos a cantar, aunque más no fuera -como se dice ahora- “por el sánguche y la Coca”.
Son años de necesidades y penurias, pero de alegrías y aventuras La pareja recorre polvorientos caminos de provincias, se presenta en ciudades del interior y pueblos de mala muerte, duerme donde los agarra la noche o donde puede. El repertorio es campero, pero de vez en cuando Gardel se le anima a algo que empieza a parecerse al tango.
Razzano a esta altura de los acontecimientos se desataca más por sus condiciones de administrador y gerente que de cantor. Él es el que arregla las giras, las condiciones económicas y las comodidades del caso. A fines de 1913, después de una jornada extenuante que incluyó recorridas por cafetines y serenatas en casas de familias, rematan la madrugada en el Armenonville y allí el amigo común Pancho Taurel los contrata por setenta pesos la noche, una cifra que a Gardel entonces le parecía extraordinaria, al punto que al principio llegó a creer que los setenta pesos eran por mes.
Al año siguiente el dúo se presenta en el Teatro Nacional con la compañía de Elías Alippi y Francisco Ducasse. Razzano es el promotor de todas estas novedades publicitarias. “Gardel. Razzano”, lentamente empieza a ser una marca registrada en el mundo del canto popular. Después llegan las giras por Montevideo, Río de Janeiro, Santiago de Chile y, en 1923, la consagración definitiva cuando viajan a España con la compañía de Matilde Rivero y Enrique de Rosas. Llegar a Europa es entonces la meta máxima de todo cantor que aspire a esa condición. No es Parí claro, pero es Madrid y las presentaciones se realizan en algunas de sus salones más populares, como son, por ejemplo, el Apolo y el Price.
La amistad entre Gardel y Razzano durante todos estos años está forjada en esta vida aventurera y juvenil. A los dos le gusta viajar, andar -como dice el Morocho- como bola sin manija, y apenas les sobran unos mangos ninguno vacila en jugarlos a los caballos. Razzano contrae matrimonio con Cristina Chirinícola y Gardel será el padrino de su primera hija. En 1924, compra su casa de la calle Esteban Bonorino al 477, en pleno barrio de Flores, casa en la que vivirá con su mujer, criará a sus hijas y morirá el 30 de abril de 1960.
Razzano, decía, abandona los escenarios en 1925 por problemas en sus cuerdas vocales. De todos modos, no deja de llamar la atención que la consagración de Gardel se inicie con su retiro. A partir de 1925, el Morocho consolida la calidad de sus interpretaciones. Entre 1925 y 1935, están sus mejores tangos y son los años en que su voz adquiere la plenitud conocida. A título anecdótico, en 1929, Razzano intenta retornar al canto y graba en diciembre de ese año con Gardel “Claveles mendocinos” y “Serrana impía”. Ni los temas musicales ni la voz de Razzano interesan al público. Como se dice en estos casos, se trató de un regreso sin gloria.
Razzano se resigna a ser su administrador y consejero, pero para principios de la década del treinta las diferencias personales derivan en una ruptura. ¿Motivo? Nunca se supo a ciencia cierta, pero no es demasiado arriesgado suponer que las razones fueron económicas. En 1933, Gardel regresa a Buenos Aires, le quita el poder a Razzano y se lo entrega a Armando Defino. En el medio de la trifulca está el tema de la hipoteca de la casa materna de Gardel, en Jean Jaurés 735.

sábado, 14 de febrero de 2015

Sol, playa, arena y... Mucho Tango en Monte Hermoso

Auspiciado y Declarado de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación.
El tango llegará nuevamente a las playas más cálidas del país este verano. La Municipalidad de Monte Hermoso,  la Secretaría de la Tercera Edad, dirigida por José Abraham, junto a Dandy Producciones han programado interesantes actividades para el Segundo Festival Nacional de Tango de esa localidad que se desarrollará los días 20, 21 y 22 de febrero.
La agenda tanguera contempla sólo en su primer día: la apertura oficial a cargo del Intendente Marcos Fernández y autoridades locales, clínica de baile y milonga callejera con músicos en vivo, demostración práctica sobre las bases del tallado en madera y la primera conmemoración a nivel nacional de los 80 años del adiós de Carlos Gardel que incluirá una conferencia brindada por el Ing. Carlos Benítez y la inauguración de un monumento en Peatonal Dufaur donde el zorzal criollo quedará inmortalizado para el deleite de los turistas y vecinos montermoseños.
Emulando las ya conocidas esculturas donde uno puede sentarse junto a diversas estrellas en distintas ciudades argentinas, el morocho del Abasto se encontrará sentado en banco de plaza, esperando la postal para el recuerdo con risueñas figuras y el bello paisaje estival del sur bonaerense.
“Buscamos un monumento realista que uno pueda confundir con el paisaje: a color, en posición distendida, que llame la atención de quien lo observa e invite a posar en una fotografía. La experiencia bahiense resultó muy exitosa y junto a las autoridades locales decidimos seguir esa misma estética en Monte. La autora es una joven artista, Monona Helguera, no muy popular en la zona, pero realmente talentosa. Nos ha presentado un proyecto realmente convincente y, como es nuestra costumbre, intentamos darle lugar a la juventud y todo el que se tome la actividad cultural con responsabilidad y profesionalidad”, explica José Valle, coordinador del Festival.
Muñecas Bravas
Desfilarán durante las tres jornadas tangueras por los escenarios de la ciudad (Centro de Conferencias, Peatonal Dufaur y Costanera y Centro Cultural) el Trío de Juan Carlos Polizzi, los bailarines Natalia y Gustavo, el escultor Celso Biondo (realizador del monumento a Carlos Di Sarli sito en la Plaza del Tango de Bahía Blanca y a Aníbal Troilo, Pigüé), Sexteto Mayor,Patricia Baez, los cantantes Cristina Marinissen y Julio Ciccola, los Amigos del Tango de Monte Hermoso, y  cerrando el reconocido trio Femenino "MUÑECAS BRAVAS"compuesto por Gaby "la voz sensual del tango",Paula Barrio y Florencia Albanesi.junto al pianista Víctor Volpe.
 

Somos, si se quiere, un país que vive de mito en mito.

Ahí están los casos del jockey Irineo Leguisamo y el caballo Yatasto en el turf, como así también el de Juan
Leguisamo
Domingo Perón, Evita, el `Che` Guevara, Carlos Gardel, Diego Maradona y, quizá próximamente, el de Lionel Messi, en otros rubros. Nos gustan los mitos y escribimos la historia en base a ellos.
Yatasto

Leguisamo fue un gran mito del turf nacional y popular. Fue un jockey uruguayo que vino a nuestro país con "una mano atrás y otra adelante" y aquí alcanzó la gloria, hizo fortuna y conoció a Gardel, al punto que hasta una bebida caña lleva su nombre: "Legui".

Fue una figura inolvidable, un hombre que hasta el día de hoy está en boca de los "burreros". Ellos, los más veteranos, lo tienen por el más grande de la historia.

Y cuando alguien se anima a cierta comparación le salen con un "Legui fue único", y se termina la conversación. Así son, así somos.

Con Yatasto pasa lo mismo. No hay rival posible. Fue, al decir popular, el más grande caballo de la historia. Y esa barrera no se pasa. Los pibes que van hoy al hipódromo conocen sus hazañas.

Es la memoria colectiva la que genera el mito.

Si cambiamos de vereda y nos vamos a la política está Perón, Evita en lo social y el `Che` Guevara en lo internacional. Se venden remeras con sus caras, se escriben libros, se hacen películas...

Que nadie se anime a tocarlos. Que nadie los ponga en duda.

Pertenecen al imaginario popular. Amor y odio, pero nunca serán ignorados.

En música está Gardel desde su muerte en Medellín, Colombia.

Y en fútbol Maradona y otro por nacer, el de Messi con sus proezas en Barcelona de España y que seguramente si gana un Mundial también se convertirá en mito. Si no, habrá quedado en el camino de la gloria eterna.

Volviendo al turf argentino, Pablo Falero, otro uruguayo, es el jockey más importante de los últimos 25 años. Es un fuera de serie, un jinete que tiene un reloj en la cabeza. ¿Mejor que Legui? Ahí nace la discusión, la duda, el antes y el ahora.

Los hombres que vieron a Legui no dan el brazo a torcer. Los que no lo vieron se quedan con Falero, a pesar del respeto por la historia pasada.

El mito de Legui, el fantasma de Legui, anda siempre por todos los rincones del hipódromo. ¿Fue mejor la época pasada que la actual? Otro dilema, otro tema que nunca alcanza la claridad necesaria para un justo juicio de valor.

Pablo Falero cruzó el charco como Legui en los años 20.

También vino con hambre de éxito. Y lo logró con creces. Desde el año `90 que no para de ganar estadísticas.

¿Quién lo puede discutir? Nadie. Pero cuando surge la comparación con Legui ahí comienza la gran polémica. Es como cuando alguien se anima a decir que tal cantor de tango es mejor o igual que Gardel. Ahí todos ponen el grito en el cielo.

O cuando otro se anima a decir que alguien hizo más que Perón. Por Dios, nadie lo permite... O si sale uno con que Messi ya superó a Maradona.

En el hipódromo, entre carrera y carrera, suelen hablarse todos estos temas con pasión popular. Los veteranos de un lado y los jóvenes del otro.

Unos y otros ponen los mejores argumentos. Pocos son los que tratan el tema con objetividad. La pasión, por lo general, es más fuerte que la reflexión.

MATE COCIDO (Segundo David Peralta)

Segundo David Peralta tenía una pequeña cicatriz en la cabeza que le dio su alias. Había nacido en Tucumán pero la parte más intensa de su vida ocurrió en el Chaco. 
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Trabajó en una imprenta, era culto y planificaba sus golpes al detalle. Se dedicó a robar a firmas como Bunge & Born, Dreyfus y La Forestal, empresas que aportaban grandes sumas de dinero a la Gendarmería para dar fin a sus correrías.
Mate Cosido, el bandido de los pobres, escribió algunas notas en la revista Ahora en las cuales justificaba sus robos, explicando que los verdaderos ladrones eran los que explotaban al trabajador y al suelo argentino. Su fama de ladrón con conciencia iba creciendo en Buenos Aires.
Igual que Vairoletto, sus problemas con la policía se acentuaron por culpa de una mujer: Mate Cosido tuvo una novia que también coquetaba con un agente y eso profundizó la inquina policial. Igual que a Vairoletto, un compinche lo vendió. Fue cuando ocurrió el famoso episodio de la estación Berthet, en 1939. Era el fin de su carrera: salió muy herido de la emboscada, pero logró escapar y se dejó envolver por el misterio. Su cadáver nunca apareció.
Según algunos memoralistas, Vairoletto y Mate Cosido se conocieron en la Capital: fue en un prostíbulo de Barracas o en un templo masónico de San Telmo. Dos escenarios apropiados para el marco de una época que, no casualmente, tuvo en Arlt a uno de sus más agudos cronistas. !

lunes, 2 de febrero de 2015

Gaby vuelve a El Argentino de Mar del Plata

El próximo fin de semana, el tanguero bar de Ayacucho y España del barrio La Perla de Mar del Plata recibirá nuevamente a la cantante bahiense apodada “La voz sensual del Tango” con dos diferentes propuestas.
El sábado 07 de febrero a las 22 hs Gaby se presentará junto a Florencia Albanesi, Paula Barrio y Víctor Volpe integrando el exitoso grupo Muñecas Bravas que es éxito asegurado en la ciudad feliz tras dos temporadas a sala llena en cada una de sus presentaciones.
Este grupo nació tras una idea del productor José Valle hace casi tres años y fue consolidando una personalidad inconfundible que conjuga juventud, entretenimiento y profesionalidad. Con guión de Gaby y la interpretación de talentosísimas cantantes del género, Muñecas Bravas es garantía de diversión y buen gusto musical. “La idea del grupo siempre fue hacer un buen espectáculo, con altura musical pero que llegue a toda la familia.  Al nutrirse de humor, lenguaje coloquial y mucho respeto por el género, el show es muy entretenido para adultos y jóvenes, inclusive para aquellos a los que no les gusta el tango”, explicó Gaby.
Al día siguiente, el domingo 08 a las 22 hs, Gaby ofrecerá su espectáculo “Bésame Mucho” que ya ha cosechado aplausos en otros escenarios de la costa bonaerense y llega a El Argentino para despedirse de la ciudad feliz.
Se trata de una recopilación de los mayores éxitos de la cantante, un repaso por su discografía y su trayectoria junto a grandes del espectáculo que nutren su presentación de anécdotas e interpretaciones clásicas de artistas inolvidables del 2x4. Tangos, boleros, milongas y canciones populares son algunos de los ritmos que Gaby despliega en el escenario permitiendo confirmar su ductilidad musical, su gran simpatía y su llegada al público que disfruta las historias, corea las canciones y comparte emociones desde la platea.
El verano 2015 le ha dado muchas satisfacciones a Gaby, tras sus exitosas presentaciones en Mar del Plata, la Asociación Civil premio Nacional “FARO DE ORO VIP” decidió premiar su actuación en el musical unipersonal “La novia de América” presentada en el mes de enero en la ciudad balnearia. La obra no sólo la muestra como una gran artista sobre el escenario sino también como guionista de este espectáculo sobre Libertad Lamarque que continúa cosechando buenas críticas.

Con idea y producción de José Valle, “La novia de América” vio la luz en agosto de 2014 en la ciudad de Bahía Blanca para presentarse luego en la Botica del Ángel (Capital Federal) y otros escenarios del interior.

martes, 20 de enero de 2015

SABINA OLMOS, ACTRIZ Y CANCIONISTA

Fue actriz y cancionista. Nació hace exactamente cien años, el 4 de febrero de 1913, en el barrio de Once, en un Buenos Aires que comenzaba a acunarse con los sonidos de una música que iba definiendo sus figuras. Su nombre era Rosa Herminia Gómez y desde muy pequeña se identificó con el canto. Debutó en Radio Rivadavia con canciones criollas y tres años después el director cinematográfico Manuel Romero la convocó para un pequeño papel en “La rubia del camino”. Antes había hecho una fugaz aparición en “El casamiento de Chichilo”. A pesar de no tener formación artística se impuso su seriedad y responsabilidad en el trabajo.
Así se fueron sucediendo los títulos: “Los apuros de Claudina”, “La vida es un tango”, “Mujeres que trabajan” junto a la inefable Niní Marshall. Con ella consolidó una sincera amistad. Hicieron cuatro películas: “La gente no sabe que era mucho más divertida en los ensayos que en las películas”, la evocaba Sabina con cariño.
A lo largo de su carrera hizo más de treinta películas. De a poco, casi sin proponérselo, se convirtió en la sufrida del cine argentino. Su verdadera popularidad llegó con el rol de Felicia en la película “Así es la vida”, una joven que se enamora de un novio que por sus ideas socialistas no era aceptado por su familia y finalmente ella se queda “para vestir santos”. Corría el año 1939 y este trabajo la hizo popular en toda Latinoamérica. La película fue dirigida por Francisco Mugica y compartió cartel con Enrique Muiño y Elías Alippi. El guión era de Nicolás de las Llanderas y Arnaldo Malfatti y le valió el premio a la mejor actriz dramática de reparto otorgado por la Municipalidad de Buenos Aires. Ese mismo año, junto a Hugo del Carril, hizo “La vida es un tango”, donde cantó como solista “Mi noche triste”, “La morocha”, “Pero hay una melena”, “Aquel tapado de armiño”.
Lo cierto es que entre 1930 y 1940, Sabina Olmos se ganó un espacio en el cine argentino tipificando a la muchacha buena y dulce con un toque personal de ternura y señorío. Aunque nunca tuvo la relevancia de Zully Moreno o Mirtha Legrand, las verdaderas divas de esos años, su nombre y su popularidad fueron notorios. También hubo roles en teatro y en su momento en la TV.
En 1947, junto a Pedro López Lagar protagonizó “Albéniz”, basada en la biografía del compositor español, actuación por la que recibió el Cóndor de Plata.
Trabajó bajo la dirección de maestros como Mario Sóffici en “La gata”, “Tierra del fuego”, en 1948, con Alberto Closas, considerado por los críticos como uno de sus mejores roles. Su último gran trabajo fue en 1949, con “Historia del 900”, junto a Hugo del Carril, que también dirigió el film.
El amor de su vida fue Charlo, Carlos José Pérez de la Riestra, con quien se casó, pero nunca tuvieron hijos. Ambos realizaron exitosas giras por Latinoamérica. Estos contactos les sirvieron cuando cayó el gobierno de Perón, sin ser militantes ambos, fueron considerados simpatizantes del régimen y tuvieron que optar por un exilio que duró varios años. Sabina había sido amiga de Eva Perón, ella les había obsequiado las alianzas de matrimonio y eso fue suficiente para integrar las listas negras. Fueron años duros de nostalgias y deambular por América y Europa.


En la década del ‘60 volvieron a Buenos Aires y Sabina protagonizó “Pesadilla”, producida por Charlo que fue un rotundo fracaso.
A partir de ese momento hubo que subsistir. Canal 11 le dio un lugar como asesora artística de la galería de arte del Canal. En 1969 apareció en la nueva versión de “Los muchachos de antes no usaban gomina”, esta vez dirigida por Enrique Carreras. En 1974 “Intimidades de una cualquiera”, dirigida por Armando Bo, pero de a poco, sus roles se transformaron en secundarios. Ya en el final de su carrera actuó para la televisión en “Estación retiro”(1970), “Sinfonía pastoral”, con Thelma Biral y “Simplemente María” en 1969 con Irma Roy.
En 1983 fue convocada por Rodolfo Graziano para integrar el elenco de “Hoy ensayo hoy”, en el Teatro de la Ribera. Compartía cartel con grandes de la escena nacional como Irma Córdoba, Margarita Padín, Iris Marga, Elena Lucena y un elenco realmente brillante. Allí volvió a ser feliz. Se la reconoció en todo su valor junto a sus compañeros de rubro.
Pero la temporada terminó y volvió la soledad y casi el olvido. En 1989, recibió el Cóndor de Plata por su trayectoria, un merecido homenaje que no logró mitigar su dolor cuando al año siguiente murió su amor de toda la vida.
Sabina quedó sola. La tristeza y la depresión, sumadas a las penurias económicas, la fueron ganando. Hubo un último trabajo en 1992, “Siempre es difícil volver a casa”, bajo la dirección de Jorge Polaco.
Vivía en un noveno piso en Villa Lugano y en el amanecer del 14 de enero de 1999 decidió que ya nada valía la pena. Se arrojó por el balcón. En su mano todavía lucía el anillo que Eva Perón le había regalado en ocasión de su matrimonio con Charlo. Tenía 85 años. Poco tiempo antes manifestó: “A esta edad lo único que hay que hacer es dejar pasar la vida. Nadie se acuerda de mí, pero aún así, me sigue reconfortando el cariño de la gente”.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Tita Merello murió hace 12 años:Un mito de barrio, hecho bien de abajo

Se atrevió a todo antes y pagó precios altísimos. Fue bataclana, cantante, actriz y finalmente una leyenda defaldas llevar. El gran amor de su vida fue clandestino: Luis Sandrini estaba casado con otra, a la que nunca dejó. “Se dice de mí” fue uno de sus grandes éxitos.

“Me está llegando la hora”, fueron sus últimas palabras, según relataron los médicos que la asistieron. Dueña de un acento arrabalero inconfundible, que le valió un lugar destacado en el universo del tango, Tita, que jamás renegó de sus orígenes humildes, brilló en el cine y el teatro entre 1930 y 1970, para convertirse luego en una figura pública consular, vastamente reconocida.
El jefe del Instituto de Cardiología de la Fundación Favaloro, Eduardo Gabe, dijo que llegó al final sin ninguna enfermedad importante. “Estaba un poco deprimida, propio de la edad, pero estaba bien y no había ningún problema que no fuese su edad”, señaló. Tita pasó sus últimos momentos “acompañada por una señora” que cumplía el rol de “una dama de compañía”. La actriz vivía en la Fundación desde 1997, tras un ofrecimiento del fallecido cardiocirujano René Favaloro, que le hizo comprender que por su edad necesitaba de atención permanente de médicos. El suicidio de Favoloro, hace dos años, fue un golpe muy duro para su ánimo. Pero hasta entonces, llevaba una vida activa y hasta solía hablar por radio, como columnista invitada de un programa matutino.
Para convertirse en una de las estrellas más grandes de la historia del espectáculo argentino, con una amplia filmografía y un paso sustancial por los teatros, Tita remontó las marcas de un origen humilde, que nunca olvidó. Había nacido el 11 de octubre de 1904 en una casa de Balcarce y San Lorenzo, en San Telmo. Hijo de una planchadora y un cochero, trabajó como doméstica en Montevideo, fue recluida luego en un asilo de campo de Magdalena, a unos 70 kilómetros de su ciudad natal. Allí empezó la cruda realidad de las privaciones, que se extendieron por muchos años. Volvió siendo adolescente y casi sin saber leer ni escribir. Se dedicó al mundo del espectáculo, contaría después, porque le bastaba con su figura. Tuvo, solía contar, en la intimidad, un solo gran amor, pero ese hombre estaba casado con otra. Era el famoso actor Luis Sandrini, que jamás se separó de su esposa legal. Merello tuvo durante años una silla vacía en el living de su casa, reservada para el día en que en ella viviera el hombre al que amaba.

Su debut fue en la compañía de Rosita Rodrigo en el Teatro Avenida, con la obra Las vírgenes de Teresa. Pasó por el teatro El Porteño en 1920 y siete años más tarde llegó al Maipo. Fue de la comedia al drama (La propia estimación, de Benavente, El lazo, de Claudio Martínez Payva, Santa María del Buen Ayre, de Enrique Larreta o La tigra, de Florencio Sánchez) y brilló. Cantó en la orquesta de Francisco Canaro y en 1929 grabó su primer disco con los tangos “Qué careta” y “Sos una fiera”. Después de protagonizar la obra Mujeres, flores y alegrías, debutó en cine en 1933, con Tango, de Luis Moglia Barth, primer film sonoro de la Argentina. “Yo quiero un hombre” cantó Tita en un escenario que mostraba como limitada escenografía un conventillo. Allí pegó fuerte y la fama empezó a llegarle.
En México filmó Cinco rostros de mujer (Gilberto Martínez Solares, 1947) junto a Arturo de Córdova. A su regreso protagonizó un enorme éxito teatral, Filomena Marturano, de Eduardo de Filippo, cuya versión cinematográfica la tuvo como lógica protagonista. En los años ‘50 y ‘60 se sucedieron éxito tras éxito: Arrabalera, de Tulio Demichelli, la célebre Los isleros, junto a Arturo García Buhr, Guacho y Mercado de Abasto, junto a Pepe Arias, todas de Lucas Demare. Directores de distintas formaciones y búsquedas a través de sus films la requirieron. Leopoldo Torre Nilsson la convenciópara el protagónico de Para vestir santos, Hugo del Carril para interpretar La morocha y Amorina y Enrique Carreras para Las hipócritas y Las barras bravas. 
Tita también les puso firma a letras de tangos como “Llamarada pasional”, que llevó música de Héctor Stamponi, y “Decime Dios dónde estás”, junto a Manuel Sucher. Y escribió un libro: La calle y yo. En televisión fue una figura referencial permanente mientras estuvo activa, e incluso tuvo un programa propio y manejó en otro un correo sentimental. En 1996 recibió el Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes, que donó a dos hospitales. Un año después el cardiocirujano René Favaloro le ofreció quedarse a vivir en la Fundación. Ella aceptó, diciendo que se iba a casa de un amigo. En su último reportaje televisivo llevó en su mano un crucifijo, lo señaló y dijo “aquí estoy con mi amigo”.

sábado, 22 de noviembre de 2014

MARÍA JOSÉ Mentana presenta su nuevo disco “CienTROILOS”

El bandoneón de Troilo volverá a sonar la noche del 27 de noviembre en el Tasso, gracias a la gentil colaboración de la Academia Nacional del Tango y la Comisión Centenario Aníbal Troilo, que prestará el valiosísimo instrumento para la ocasión.
A cien años del nacimiento del Bandoneón Mayor de Buenos Aires, la consagrada cantante María José Mentana presenta su nueva producción discográfica “CienTROILOS” (Discos Melopea).
Un homenaje cantado para el cual María José convocó a los grandes maestros Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Osvaldo Berlingieri, Raúl Garello, Ernesto Baffa, Carlos Buono, Hugo Rivas y Litto Nebbia, Horacio Ferrer , entre otros, para juntos recrear algunas de las obras más emblemáticas del gran Pichuco, compuestas en colaboración con sus ‘poetas-hermanos’.
Acompañan a Maria José : Ariel Pirotti - Pablo Fraguela( piano) Eva Wolff (Bandoneón) Andrés Serafini (contrabajo) y las palabras de Gabriel Soria y Marcelo Guaita.
María José Mentana, más conocida como María José, inició su carrera artística en 1970 con tan solo nueve años de edad debutando en el programa Grandes Valores del Tango, tras lo cual la crítica argentina la llamó "la niña prodigio”.
Desde muy joven realizó giras por toda la Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Venezuela y Colombia, presentándose en los festivales más importantes de América y de Europa. Luego aquella "niña prodigio" deslumbró realizando conciertos en las principales ciudades de Holanda, Italia, Francia, Suiza, Finlandia, Bélgica, Suecia, Turquía, China y sobre todo en Japón, país que visitó en varias oportunidades como cantante invitada de orquestas, entre las que se distinguen Mariano Mores y Néstor Marconi.
Luego de una exitosa carrera artística y de compartir escenarios con las grandes figuras y referentes del tango, continuó realizando extensas giras por el mundo transmitiendo nuestra música del Rio de la Plata y logró concretar un sueño: cantar como solista con orquestas sinfónicas, tales como: la Orquesta Sinfónica de Venezuela, la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, la Sinfónica de Bogotá, la Orquesta Sinfónica de Salta, la Orquesta de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, la Orquesta del Tango de Buenos Aires, entre otras.

Desde hace algunos años también se dedica a la docencia, es profesora de la Academia Nacional del Tango y en la actualidad continúa con sus clases particulares y Master Class dentro y fuera de la Argentina.
Dueña de un gran estilo, que proyecta una personalidad propia a través de su voz, María José Mentana, editó más de una decena de CDs. Y es una de las voces femeninas más personales que el tango lograra en las últimas décadas. Tanto el público como la crítica especializada la reconocen por poseer una voz de intensos matices y por su interpretación profunda y afinada.
Su pasión y fuerza al interpretar el Tango la coloca entre las cantantes más reconocidas de nuestra música ciudadana.

sábado, 15 de noviembre de 2014

2003 Muere Antonio Tormo, "El cantor de las cosas nuestras"

Cantante de enorme popularidad, integró en los inicios de su carrera La Tropilla de Huachi Pampa, conjunto
folclórico que, dirigido por el poeta y compositor Buenaventura Luna, en el que actuaban notables músicos e intérpretes como Diego Canales, Remberto Narváez, José Samuel Báez, el Zarco Alejo y el gran guitarrista Eduardo Falú. A partir de mediados de los `40 descolló como solista, dejando grabadas antológicas versiones de "El Jarillero", "Ay que se va", "Cuando no me quieras", "Los ejes de mi carreta", "Amémonos" y los que serían sus mayores éxitos, "Mama vieja", "Mis harapos" y "En el rancho e¦la Cambicha". Tanta era su popularidad que comenzó a ser llamado "el cantor de los cabecitas", en referencia al apodo despectivo con que las clases medias y altas de Buenos Aires nombraban a los trabajadores provenientes de las provincias. A la vez, esos trabajadores comenzaron a ser también llamados "veinte y veinte", aludiendo al hecho de que cuando entraban a los bares y almacenes en los que había pasadiscos, gastaban veinte centavos en una pizza y otros veinte para oír los temas de Antonio Tormo. A partir de 1955, el cantante más popular del país también será prohibido por la dictadura militar autodenominada Revolución Libertadora y la censura sobre sus temas se prolongará hasta la recuperación democrática de 1983, momento a partir del cual comenzará a ser reivindicado y conocido por las nuevas generaciones.
Había nacido en Mendoza el 18 de septiembre de 1913.

Comentarios de distintos autores que incluimos con el fin de respaldar la afirmación de que Tormo ha sido el inventor del folklore de masas y el comunicador de los provincianos identificados como “cabecitas”:
...”Entonces tenía algo que decirnos a todos nosotros, por eso lo llamaron “El cantor de las cosas nuestras”.
“La voz del poeta fue en la ocasión la voz del pueblo que creció a la par de Antonio y clavaba el dial en radio Belgrano para escuchar esa campana terrestre que se llamaba Antonio Tormo, de oficio tonelero, hombre de trabajo pesado al que un día allá en los valles se le instaló el sueño del canto y comenzó a cantar entre la gente y fue la gente la que hizo un tormo. Porque Tormo es un amasijo popular, una escultura hecha por su propio pueblo al que respondió sin dar jamás un paso atrás. Cantó todo lo que tenía que cantar. Cantó al niño desvalido, cantó a los pobres, cantó a la alegría de los vinos jocundos de nuestros valles, cantó al amor y cómo...”
...“A los cabecitas... nos decían también “veinte y veinte”, porque cuando estalló Tormo habían puesto en los boliches las máquinas de discos con monedas y los gallegos decían que íbamos a poner “veinte pa’ la pizza y veinte pa’Tormo”.
Armando Tejada Gómez – 1991 –

“Fue la época en que una voz humilde y bien modulada, la de Antonio Tormo, arrasó con las preferencias del público provinciano. El “Cantor de las cosas nuestras” fue el primer intérprete de música popular que logró vender más de un millón de discos. Su Boom fue “El Rancho e’la Cambicha”, al que siguió aquella trova que empezaba declarando: Buscaba mi alma con afán tu alma... (Amémonos)
y después, Mis Harapos, La canción del linyera, Merceditas. Y otros no menos resonantes. A tal punto quedó identificado Tormo con los “cabecitas”, que a éstos los llamaban “20 y 20”: veinte centavos para una porción de pizza y veinte centavos para escuchar un disco de Tormo en las moviolas que ilustraban algunos comederos sin pretensiones, con una amplia gama de opciones en tango, música melódica y folklore”.
Félix Luna – Historia Argentina – I. La Argentina era una fiesta-
Año 1946 – 1949. Pag. 467/468

“1950 - Tormo vende millones de discos.
“ En 1950 el cantante Antonio Tormo se convierte en un fenómeno masivo inusitado cuando impone su éxito “El rancho e’la Cambicha”, y alcanza una cifra de venta total de 5 millones de discos. Para ese entonces, está claro, había grabado 200 temas de un repertorio básicamente de tenor folclórico, como Merceditas, Pájaro Chogüí, El humahuaqueño, Desde el alma, Mis harapos o Mama vieja.
(...) El segundo desembarco de Tormo en Buenos Aires (el primero fue integrando la “Tropilla de Huachi Pampa”) coincide con un desplazamiento masivo del interior a la Capital. Ninguna de las otras grandes voces del momento que cantaban aires camperos alcanzaron tanta repercusión como el sanjuanino (...).
Diario CLARÍN - Historia Visual de la Argentina – Siglo XX
CD Nro. 2 – 1931/1955
“Entre Mendoza y San Juan cimentó su triunfo “El cantor de las cosas nuestras”, aquel tonelero que llegó a vender más discos que Gardel”.
“Para los argentinos nacidos en la segunda mitad de la década del’40 la figura de Antonio Tormo se liga estrechamente a los recuerdos de la infancia”.
“Para mi forma infantil de entender el mundo de aquel tiempo, Tormo era tan importante como Chaplin, Laurel y Hardy, Los Tres Chiflados, Luis Sandrini o Perón...”
“...Es que fue Antonio Tormo el primero que me mostró la incalculable belleza del folklore argentino. Con los años advertí que me había “marcado” como a tantos otros que vinieron detrás suyo”.
“Antonio Tormo fue un sembrador del amor por el canto criollo. Muchos que llegaron después ya no están. Otros, muy escasos, siguen como los últimos referentes de aquella siembra. Son los últimos protagonistas de una época en la que el arte popular criollo tuvo un espacio importante y dejó su imborrable paso para la posteridad, a pesar de las prohibiciones y censuras que debió sufrir por el desconocimientos y la incomprensión de funcionarios de turno.”
Diario “LOS ANDES” – Cultura – Gregorio Torcetta
24 de Septiembre del 2000

viernes, 7 de noviembre de 2014

Recordando A don Félix Daniel Frascara

Uno de sus hijos, periodista también, Félix Ricardo, así lo recordaba hace unos meses:
“Era bajo pero erguido, frontal. El peso de la vida lo llevaba adentro, nunca expuesto a ojos ajenos. Los suyos, aquellos chiquitos, gastados prematuramente por la miopía, veían mejor para su interior que hacia fuera. Todos los que se sentaban frente a él, cerca de las luces del ring o los que medían su capacidad para beber cognac, soportaban su mirada fácilmente. O creían que lo hacían, porque él llegaba hasta el fondo, conocía cada detalle del interlocutor y, encontrara lo que encontrara, surgía a la superficie con una sonrisa.
Al quitarse el sobretodo su cuerpo se reducía casi a la mitad; ya el sombrero, de ala medianamente ancha, colgaba en el perchero de su oficina en El Gráfico en Editorial Atlántida. Deslizaba la silla de respaldo alto a listones de madera; abría su atado de Particulares fuertes, ubicaba el cenicero a su alcance, como para que de ahí en adelante el ademán de fumar y volcar la ceniza fuera uno solo, casi; atraía la máquina de escribir hacia sí, insertaba la hoja de papel haciendo coincidir los bordes con prolijidad y echaba a andar un ritual.
Cuando entraba a un estadio, a un gimnasio, se sentía como un conquistador. Y eso que no conoció Estados Unidos, ni viajó a Rusia, Japón o Canadá. No fue nunca a Bariloche ni a Iguazú; no vio al hombre bajar en la Luna ni conoció a sus nietos; no vio volar un Jumbo. No jugó al scrabel –que lo hubiera atrapado en nuestros sábados familiares- ni con el ajedrez electrónico, ni la TV color. Pero lo que vio lo amó.
Mis sobremesas de cenas, más recordables por la carga de curiosidad, emoción, aprendizaje, roce, fueron aquellas que, con mi viejo y su barra, especialmente los sábados a la salida del Luna Park, en el restaurante del Jousten, en la barranca de Corrientes, se juntaban alrededor de Félix pintores, músicos, escritores, actores, señoras ... amigos.
Hijo de un genovés y una vasca inmigrantes, nacido y amante de Barracas, jugador de pelota y eximio tanguero, hincha de Estudiantes de La Plata, gran amigo, por lo tanto, de Lauri, Scopelli, Ferreira, Zozaya y Guayta, “los profesores”, y hermano del alma de Justo Suárez, bohemio de los de antes.”
Don Félix murió en Balvanera el 26 de febrero de 1962. Empezó como periodista en el diario La República y entró en El Gráfico en 1930 hasta que se jubiló tres décadas más tarde. Trabajó en radio y hasta se casó con una compañera de Atlántida, Amelia M. del Valle.
Poco después de la muerte de Félix Daniel Frascara, su colega Alberto Laya, de La Nación, lo definió así: “Y fue un periodista. Lo fue porque sintió su oficio de la única manera que debe sentirse: como una pasión.”