viernes, 22 de agosto de 2014

OSCAR DEL CERRO

Oscar del Cerro nace el 9 de julio de 1921 en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, con el nombre de Aureliano Avalo. Pero su ciudad es Quilmes. Debutó como solista en Radio Belgrano el 1 de enero de 1950 y si bien su fuerte fueron las canciones sureras, como milongas, estilos, cifras y otras, también incursionó en el tango.
 
Se acompañó por un conjunto de guitarras de gran calidad, que posteriormente integraron Las Guitarras Cuyanas de Zavalita.
 
En la Estancia La Valeria de Cañuelas donde se organizaban fiestas camperas se consagró Oscar del Cerro, al igual que José Larralde, Argentino Luna, Alberto Merlo, el Chino Martínez, Juancito el Peregrino, Oscar del Cerro, Waldemar Lagos y tantos otros.
 
La famosa composición "La primavera" de Victor Velazquez nació una de esas noches en que éste se quedó a dormir en el cuarto de la soga (donde se guardan los bozales y los recados) en La Valeria, junto a Víctor Abel Giménez, y al escuchar el canto de la calandria tomó su guitarra y creó esa milonga.
 
Cuenta Guido Antonio Ongarelli: "Sucedió que en 1970 llegué a ese pueblo (Naón) pasadas las 12 de la noche en el mes de junio o julio, después de recorrer 30 Km. (creo desde Chivilcoy) por un colchón de tierra, ya que hacía 6 meses que no llovía, acompañando al cantor sureño Oscar Del Cerro, sus guitarras, Pereyra y el Payo Silva, y unos amigos: Cabrera, Canaliccio, Giulano y un Sr. (lamento no recordar su nombre) que era director o gerente de una institución bancaria en Capital Federal, que tenía campos y familiares en Naón. Este Sr. había organizado un asado para agasajar a Del Cerro, del cual era muy amigo de la persona y ferviente admirador del cantor. Dicho asado era para las 20 horas y nosotros llegamos 4 horas después. En ese entonces el pueblo disponía de energía eléctrica solo por la tarde y hasta las 24 horas, que se cortaba; por lo tanto nuestro arribo en una oscuridad absoluta, con viento tormentoso, nublado y ya con algunas lloviznas; las personas nos festejaban porque habíamos también llevado la lluvia que tanta falta les hacia. Alumbrados con faroles de noche nos invitaron a ingresar a la casa, cuyo comedor aún hoy recuerdo en casi todos sus detalles. Del asado nada de nada, la mayoría de los paisanos pensando que no iríamos, se comieron todo y se fueron. solo unos pocos se quedaron, entre ellos un sobrino del Sr. bancario. Del Cerro cantó como nunca, influenciado por tanta calidez y cordialidad que le brindaban esas 10 o 12 personas que lo escuchaban, además del ambiente y la casa que nos parecían encantadas. Y entre guitarras, cantos, aplausos y como estábamos en una casa "mágica", a falta de asado (¡gracias a Dios!) mágicamente nos sirvieron manjares caseros: jamón crudo, salamines, longanizas de potranca, bondiola, queso, pan de campo, exquisiteces que solo con esta gente se puede comer y, como si todo fuera poco, un final a todo puchero a la española que nunca más pude volver a comer".
 
Una de las canciones más recordadas de Oscar del Cerro es el vals "Hermana" de 1958. Llevaba letra de Eugenio Majul que se lo había dedicado a su hermana María Julia. Le puso música Roberto Abrodos, uno de los integrantes del famoso conjunto folklórico Los hermanos Abrodos, y con ellos llegó al disco. Majul entendió entonces que su vals, de clima ciudadano, debía tornarse en una composición de carácter campesino. Entonces, a la letra original, con muy pocas palabras, la revistió de una geografía campera acorde con la identidad del conjunto. Pero no fue un pedido del compositor. Fue una concesión que hizo el propio autor de los versos, quien con el tiempo, se arrepintió, pues otros intérpretes además de Oscar del Cerro, como Enrique Espinosa y Alfredo De Angelis, grabaron el vals con esos versos cambiados.
 
El arrepentimiento le duró siempre a Majul. Hasta que habló con el cantor Juan Carlos Godoy para que se lo registrara en una grabación no comercial. Éste accedió y también el gran pianista Carlos García, quien lo acompañó y, desinteresadamente, estos dos artistas le obsequiaron al poeta una estupenda versión con los versos originales. Esa grabación, de la cual circulan muy pocas copias, lo redimió ante su hermana.
 
Esta es la letra del vals, van entre corchetes y cursiva los versos de la versión original, no la de Oscar del Cerro:
 
Te debía este vals y aquí lo tienes,
tan simple como el mundo de tus horas,
un pequeño regalo que no quiere
más que darte las gracias de esta forma.
Oh, no llores, si el vals tomó tu nombre
fue al fin porque eres buena y tolerante,
como nadie entendiste mis dolores
y creíste en mis sueños como nadie.
 
Hermana, hermana,
qué atrás quedó la niñez
el viejo rancho que amabas
[la vieja casa que amabas]
y el río largo ante él.
[y yo jamás olvidé.]
Tu pelo y el mío
prometen un gris,
acaso el otoño
ya esté por aquí.
Hermana, hermana,
rondita tibia y cordial:
abre las manos y guarda
la rosa azul de este vals.
 
Sin embargo hay un cargo que me abrasa
pues nunca penetré en tus inquietudes
y no fui alguna vez la voz que ansiabas
si un pesar te envolvía entre sus nubes.
Mas, con todo, jamás oí tus quejas
y siempre tus desvelos me auxiliaron
en las horas inciertas de la espera
cuando todo encendía el desencanto.
 
Se destaca de entre su material discográfico,  la grabación -junto a Héctor del Valle- de Martín Fierro. Otros discos suyos son: Así es como rinde el choclo, El trovador sureño, Semblanza de dos zorzales (con Carlos Souza), Milongas criollas (también con Héctor del Valle), Sureño y trovador y Sus nuevos éxitos. Todos en el catalogo de Diapasón.
 
Una de sus mejores interpretaciones fue "La serenata de ayer", de Manuel Buzón y Ismael R. Aguilar, transcribimos su hermosa letra:
 
Llegaba en coche a la ventana de la moza
y se embriagaba con glicinas y jazmines;
traía un ansia de zorzal en los cantares
ponía el alma en las guitarras y violines.
A la hermosura quinceañera le dejaba
el homenaje de su acento y de su amor
y se alejaba con el premio de un suspiro,
una sonrisa, un "muchas gracias" y una flor.
 
En la lejana noche fue
canción de amor y fe,
en la vidala fue el dolor
del mozo trovador...
Con habaneras vino al barrio a suspirar
y al claro de la luna, su farol de plata,
le pidió a la ingrata
que supiera amar.
La linda moza al despertar
al son de la canción.
Abría su alma y su balcón
poniéndose a soñar...
Y florecía la esperanza del cantor
al ver que la sonrisa de la porteñita,
era una infinita promesa de amor.
 
Enmudeció la serenata para siempre,
ya no anda en coche con guitarras y violines
siguió el camino de las buenas ventanitas
que se adornaba con glicinas y jazmines.
Se fue al ocaso con el coche en que llegaba
partió al recuerdo con Gabino, el payador.
Y se cerraron los balcones que se abrían,
para brindarle un "muchas gracias" y una flor.
 
El 12 de noviembre de 1991 fue declarado "Vecino ilustre de Quilmes".Falleció en Quilmes el 06 de Marzo de 1998

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