martes, 24 de mayo de 2016

Anécdotas de Niní Marshall

Sus personajes recorrían toda la gama de lo humano. Había brutos, engreídos, atropellados y hasta crueles. Pero Niní también era capaz de reflexionar sobre sí misma.
"La madre es el ser que ha dado el ser "dice Catita en una conferencia titulada La madre", y cuida de nuestro ser, como debe ser, a saber: de pequenios, alimantándolos personalmente, o sea, dándoles el busto, y de adúlteros, dándoles sabios consejos, pa'efetuar la másima que dice: "Manzana en córpores sanos".
"Niní se había retirado, pero a principios de los setenta la convencí de que debía volver al escenario. Lo hizo en El Gallo Cojo, un café-concert que teníamos en San Telmo. Le iba muy bien, pero una noche le tocó un señor que, sentado en una mesa junto al escenario, casi ni vio el show ni aplaudió. Cuando terminó la función, Niní se desmaquilló en el camarín, en menos de cinco minutos, salió a la calle y corrió al espectador irrespetuoso hasta cerca de la esquina, lo paró y le dijo: "Mire señor, yo soy Niní Marshall, soy una dama y usted es un maleducado". Los taxistas que pasaban gritaban: "­Dale, Catita, reventalo!", y la gente aplaudía. El tipo no sabía adónde meterse. Lo que quedó en evidencia fue la popularidad de la cual gozaba Niní. Pese aunque ella siempre decía que sólo sabía hacer reír, a veces también era capaz de enojarme. (Lino Patalano, empresario, ex manager de Niní Marshall.)
"Ya sé lo que le conviene "le dice la judía Doña Pola, que ha puesto una agencia matrimonial, a su interlocutor": Esther Kuminsky, que es dentista. ­Y qué dentista! Cualquiera le hace una dentadura completa, de 32 dientes, por 50.000 pesos. Esther le hace una dentadura más completa, de 64 dientes, por la mitad."
"En Qué linda es mi familia teníamos que bailar durante las escenas de un casamiento. Como yo me cuidaba mucho para no molestarla, bailaba casi sin moverme. Entonces ella me zamarreaba y me empujaba para hacerlo más gracioso. Y durante el rodaje se le ocurrían cosas que no estaban en el libro. Entonces, con mucho respecto, preguntaba si se podían agregar sus ideas, que siempre eran muy divertidas. (Palito Ortega)
"Hola, Dolores "dice la gallega Cándida, hablando por teléfono". ¿Sabes quién se está por morir? Paco, el relojero. Se le está acabando la cuerda. Anda medio muerto, por eso la mujer se ha puesto de medio luto. Y la que se morió fue la Firmina. ­De un aire! ­Qué cosa más tonta! Se hobiera muerto de un ventarrón."
En 1986 se editó un disco con el texto completo de Y se nos fue redepente, en el que el personaje de Catita decía el famoso monólogo "del cual, por supuesto, la misma Niní era la autora". La presentación se hizo en La Capilla, un teatrito que funcionaba en la calle Suipacha. Sobre el escenario se armó la escenografía de un velorio, con el féretro, las velas y las coronas. Un transeúnte despistado que se enteró de que en La Capilla estaba la actriz, atinó a entrar. Cuando vio a Niní sentada cerca del presunto finado, se acercó y le dio el pésame.
"¿Sabe ande asistimo anoche? A un concierto "cuenta Catita". Salió un melenudo y se puso a aporrear el piano, que yo pensaba: `Dale nomá... ­Cómo se ve que el piano no es tuyo! Si te agarra Jacobo Fisher...' Porque el piano tenía el monograma del dueño: Jacobo Fisher".
"Durante una temporada en Rosario, en 1980, fuimos a conocer a una señora que, según ella, había iniciado sexualmente a la mitad de la ciudad. Se llamaba Rita y trabajaba en un cabaret del puerto. Cuando comenzó el show, Niní se subió arriba de una mesa y no paró de gritarle, incluso se sacó fotos con ella. Rita estaba completamente desnuda, pero eso a Niní no le importó." (Patalano)
"Desde que alquilaron el Colón, ­no pienso pisarlo en mi vida! "protesta Mónica, la niña bien". Yo me quedé `frappée'. Alquilar ese glorioso escenario. ­Es como si alquilaran una bóveda en la Recoleta para enterrar a un pizzero!


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